Conceptos erróneos comunes
Es frecuente que la gente malinterprete las infecciones fúngicas de las uñas. A menudo se confunden con una higiene personal deficiente, malos hábitos, daños causados por el tabaquismo, deficiencias nutricionales, problemas estéticos o simplemente uñas viejas. En realidad, si bien la higiene puede influir en el riesgo, las infecciones fúngicas pueden afectar a cualquiera, incluso a personas muy limpias y preocupadas por su salud.
Otro error común es confundir la infección fúngica con los cambios en las uñas relacionados con la psoriasis. La psoriasis ungueal puede causar hoyuelos, decoloración y engrosamiento que se asemejan a los daños causados por hongos. Sin pruebas médicas, es difícil distinguirlas visualmente. Dado que las uñas con hongos suelen verse amarillas, marrones, quebradizas o engrosadas, quienes las observan pueden sacar conclusiones precipitadas. Pero el daño visible es un síntoma de infección, no de descuido.
La ciencia detrás de la afección
Las infecciones fúngicas de las uñas ocurren cuando hongos microscópicos penetran en la uña a través de pequeñas grietas o separaciones entre la uña y el lecho ungueal. Los hongos más comunes involucrados son los dermatofitos, pero las levaduras y los mohos también pueden causar infección. Una vez dentro, los hongos se alimentan de la queratina, la proteína que compone las uñas. A medida que se multiplican, alteran el patrón de crecimiento normal de la uña.
Esto provoca decoloración amarilla, blanca o marrón, engrosamiento de la uña, fragilidad o desmoronamiento de los bordes, deformación, mal olor en algunos casos y separación del lecho ungueal. Debido a que las uñas crecen lentamente, las infecciones pueden persistir durante meses o incluso años sin tratamiento.
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