Cómo preparar Gambas al Ajillo, en el Horno
Las gambas al ajillo, en versión de horno, concentran todo el aroma del ajo y la guindilla con una cocción rápida, uniforme y sin salpicaduras. La fuente caliente permite que el aceite burbujee suavemente, bañando las gambas para que queden jugosas por dentro y ligeramente doradas por fuera. Ideal para compartir como tapa o para una cena sencilla con pan crujiente, su salsa es pura tentación: aceite perfumado, toque de vino blanco y un final de perejil y limón que lo ilumina todo. Preparación mínima, resultado máximo.
1. Paso 1: Precalienta el horno a 220 °C con calor arriba y abajo. Coloca dentro la fuente vacía (preferiblemente metálica o de cerámica resistente) para que se caliente; así las gambas chisporrotearán al contacto.
2. Paso 2: Si las gambas son congeladas, descongélalas en la nevera y sécalas muy bien con papel de cocina. La humedad extra diluye el sabor y evita el dorado.
3. Paso 3: En un bol, mezcla el aceite de oliva, el ajo laminado, la guindilla, la sal, la pimienta y el pimentón (si lo usas). Añade el vino blanco y bate ligeramente para emulsionar.
4. Paso 4: Incorpora las gambas al bol y remueve para que se impregnen por igual. Deja reposar 5 minutos mientras se calienta la fuente; este breve marinado potencia el sabor.
5. Paso 5: Con guantes, saca la fuente caliente del horno y vierte rápidamente las gambas con todo el adobo, repartiéndolas en una sola capa. Evita amontonarlas para una cocción uniforme.
6. Paso 6: Hornea 6–8 minutos hasta que las gambas estén rosadas y opacas. Truco: si son grandes, remueve a los 4 minutos para que el ajo se dore sin quemarse y el calor llegue por igual.
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