Una llamada y una lección de vida
A la mañana siguiente, Emma encontró el número de Sam en sus antiguos registros laborales y lo llamó. Entre lágrimas, intentó disculparse y agradecerle al mismo tiempo, pero él la interrumpió con suavidad:
“Me alegra que estés viva.”
Le contó que se había mudado a otra ciudad para comenzar de nuevo. Antes de cortar, dejó una frase que quedó grabada para siempre en la memoria de la familia:
“La vida puede ser dura, pero la bondad no debería depender de las circunstancias. No me debes las gracias. Solo hice lo que cualquier ser humano debería hacer.”
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