El Círculo Dominical Harrison
Con el tiempo, decidí usar parte del dinero que Ezra me había dejado para crear un pequeño proyecto destinado a personas mayores que viven solas. Lo llamé Círculo Dominical Harrison. Cada domingo, voluntarios visitan a adultos mayores, les llevan compras, conversan con ellos y les hacen compañía, porque muchas veces lo que más necesitan no es ayuda material, sino presencia.
Antes de salir hacia cada visita, sigo leyendo una de las cartas de Ezra. Con los años entendí que el verdadero tesoro de aquella maleta no era el dinero, ni las fotos, ni el diario: era la certeza de que ningún gesto pequeño es insignificante. Una taza de café, una conversación sin pretensiones y unas bolsas cargadas en un domingo cualquiera pueden cambiar dos vidas para siempre.
Ezra me enseñó que estar presente para alguien es una de las formas más sinceras de amor. Aún lo extraño, pero tengo una certeza absoluta: ninguno de nuestros domingos fue en vano.
