5. Brillas sin esfuerzo aparente
No buscas atención, no compites, no presumes.
Simplemente eres auténtica.
En la tradición judía se habla de la luz del rostro, una energía que emana de quien está en paz consigo misma, alineada con sus valores y sin cargas internas no resueltas.
Esa luz no se puede fingir.
Y para quien vive con máscaras, con resentimiento o con una vida que no se atreve a cambiar, esa luz resulta insoportable.
Tu calma los incomoda más que cualquier palabra.
6. Tu crecimiento los obliga a mirarse a sí mismos
La mística judía enseña que cada persona tiene un tikún, una tarea interna específica que vino a trabajar en esta vida.
Pero muchas personas evitan ese trabajo: proyectan, compiten, culpan, se comparan.
Cuando te ven sanar, crecer, evolucionar, se enfrentan a lo que están evitando.
Y como no están listas para mirarse, atacan al espejo.
No es odio personal.
Es resistencia al propio proceso.
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