Durante mucho tiempo, una pregunta aparentemente sencilla ha sido ignorada o respondida con frases rápidas y tranquilizadoras:
¿A dónde fue el agua del Gran Diluvio?
El relato bíblico describe un evento devastador, aguas que cubrieron incluso las montañas más altas de la Tierra. Sin embargo, una vez terminado el diluvio, el agua simplemente “desaparece” de la narrativa popular.
Se suele decir que se evaporó, que se filtró en la tierra o que se redistribuyó en los océanos actuales. Pero cuando se analizan los números, la física y los propios textos bíblicos, esas explicaciones comienzan a mostrar serias grietas.
Un diluvio que no pertenece a una sola cultura
El relato del diluvio no es exclusivo de la Biblia. Aparece en más de 200 culturas antiguas alrededor del mundo:
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Los sumerios, en la Tablilla de Eridu, con Ziusudra.
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Los babilonios, en la Epopeya de Gilgamesh, con Utnapishtim.
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Los griegos, con Deucalión y Pirra.
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Los hindúes, con Manu y el pez gigante.
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Relatos similares en China, Mesoamérica y Sudamérica.
Todas estas historias coinciden en lo esencial:
una inundación global, la destrucción de la humanidad y unos pocos sobrevivientes.
La pregunta es inevitable:
¿se trata de una coincidencia cultural… o del recuerdo de un evento real?
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