Una promesa cumplida
Esa noche, su madre regresó sola a casa y entró al cuarto de Mason. Apoyó la mano sobre la cómoda y susurró: “Alguien cumplió tu promesa, mi amor. No estuvo sola”.
A la mañana siguiente, por primera vez en un año, Hazel bajó a desayunar. El silencio que había habitado la casa empezaba, por fin, a romperse.
