En la boda de mi hijo, la madre de la novia me señaló delante de todos… y lo que dijo cambió la celebración por completo.

Quién soy y de dónde vengo

Me llamo Mateo Solís y tengo 62 años. Mi historia no es de cuna de oro, sino de manos curtidas.

Nací y me crié en la Ciudad de México, en el seno de una familia trabajadora. Mi padre fue técnico en una fábrica textil y mi madre, costurera de oficio. Desde niño aprendí la lección más importante de mi vida: el dinero no cae del cielo, se gana con sudor, ingenio y alma.

A los 18 años empecé como ayudante general en una compañía de transporte de carga. A los 25 ya era supervisor, a los 35 socio minoritario y a los 50 me convertí en dueño de tres rutas logísticas clave del país.

No soy un magnate, pero construí lo suficiente para vivir con tranquilidad: una casa en Bosques de las Lomas, un refugio en Valle de Bravo, inversiones inmobiliarias y una empresa que, aunque ya no dirijo en el día a día, sigue siendo un motor financiero estable.

Me retiré hace cuatro años con la convicción de que era momento de cosechar lo sembrado.

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