La advertencia que lo cambió todo
Salí con mi maleta. El taxi ya estaba en la puerta.
Estaba a punto de subir… cuando mi vecino, Don Ernesto, apareció corriendo desde el jardín, pálido, agitado.
—¡No suba! ¡Por favor, venga conmigo ahora mismo!
Nunca lo había visto así.
Entré a su casa sin discutir.
Entonces me contó lo que había escuchado la noche anterior. Mi hija y mi yerno estaban en el patio, hablando en voz baja… convencidos de que nadie los oía.
Pero Don Ernesto sí.
