Desaparecer para entender todo
No los enfrenté.
Hice algo más inteligente.
Desaparecí.
Durante las siguientes horas —y buena parte del día siguiente— me moví con calma, pero sin perder tiempo.
Desde la casa de Don Ernesto:
- llamé a mi gerente de confianza, Miguel Herrera,
- cancelé poderes legales clave,
- protegí mis cuentas,
- y comencé a reunir pruebas.
Miguel, sin alertarlos, empezó a grabar reuniones y a documentar cada movimiento sospechoso dentro de la empresa.
Fue entonces cuando apareció un nombre: Marcela Ríos, la supuesta tutora legal.
Investigando, descubrimos que tenía antecedentes por fraude en casos similares.
Ahí supe que esto no era improvisado.
Era un plan armado.
