La última prueba
Aun así, necesitaba confirmar algo.
No el plan.
El corazón de mi hija.
La llamé desde otro número. Fingí estar perdido, sin dinero, lejos de casa. Le pedí ayuda, aunque fuera algo mínimo.
Su respuesta fue inmediata:
—No tengo tiempo para tus problemas. Resuélvelo solo.
No hubo duda.
No quedaba nada.
