Después del golpe
Durante dos meses no supe nada de Carolina.
Ni un mensaje. Ni una explicación.
Hasta que un día llamó.
Había perdido todo. Se había separado de Martín. Vivía en un pequeño departamento y, por primera vez en su vida, trabajaba.
No pidió dinero.
Solo habló.
Yo escuché.
Y respondí:
—Está bien… por ahora.
