La historia de Eleanor Whitmore: una mujer en silla de ruedas y un amor que desafió a la sociedad de Virginia en 1856

La propuesta inesperada del coronel Whitmore

Un mes después, su padre le planteó una solución radical. Le explicó que, según las leyes de Virginia, ella no podía heredar la propiedad por sí misma. Al morir él, todo pasaría a manos de un primo, quien probablemente vendería el patrimonio y la dejaría dependiendo de la caridad de parientes lejanos.

Su solución fue impactante: proponerle como compañero a Josiah, un hombre esclavizado que trabajaba en la herrería de la plantación. Para el coronel, la lógica era clara: la ley impediría que se marchara, era físicamente capaz de protegerla y, según había escuchado, era de carácter apacible pese a su imponente apariencia.

Josiah: el hombre detrás del apodo de «el bruto»

Josiah era conocido en la región por su tamaño imponente: más de 1,80 metros, una constitución forjada por años de trabajo con el hierro y manos marcadas por quemaduras. Los visitantes blancos lo miraban con temor y lo apodaban «el bruto». Sin embargo, ese apodo encubría una realidad muy distinta.

Cuando Eleanor lo conoció en persona, descubrió a un hombre tímido, respetuoso y de voz suave. Le hizo varias preguntas directas: si era peligroso, si era cruel, si pensaba hacerle daño. La respuesta fue siempre la misma: nunca lastimaría a nadie que no lo mereciera.

El descubrimiento más sorprendente llegó cuando Eleanor le preguntó si sabía leer. Aunque la lectura estaba prohibida para las personas esclavizadas en Virginia, Josiah confesó que había aprendido por sí mismo, leyendo a escondidas por las noches. Conocía a Shakespeare y reflexionaba con profundidad sobre obras como La Tempestad, identificándose especialmente con el personaje de Calibán, tratado como un monstruo pese a ser plenamente humano.

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