Un estudio reciente publicado en The Journal of Immunology ha generado debate al sugerir que el microbioma intestinal de la madre —y no el de su hijo— podría influir en el desarrollo neurológico de la descendencia, incluyendo comportamientos asociados con el trastorno del espectro autista (TEA). La investigación, dirigida por el Dr. John Lukens de la Universidad de Virginia, señala a una molécula inmunitaria específica, la interleucina-17a (IL-17a), como un posible vínculo biológico entre la microbiota intestinal materna y el desarrollo cerebral fetal en ratones.
Pero antes de sacar conclusiones precipitadas, distingamos entre la ciencia prometedora y la exageración.
🔬 Lo que el estudio realmente encontró (en ratones)
Los investigadores observaron dos grupos de ratones de laboratorio preñados:
Grupo 1: Presentaba un microbioma intestinal que desencadenaba altos niveles de IL-17a (una proteína inmunitaria inflamatoria).
Grupo 2 (control): Carecía de este perfil microbiano y producía poca IL-17a.
Resultados:
Las crías nacidas de madres del Grupo 1 mostraron comportamientos similares al autismo: interacción social reducida y movimientos repetitivos. Cuando los científicos bloquearon la IL-17a en las madres del Grupo 1, sus crías se desarrollaron con normalidad.
Aún más revelador: cuando los investigadores trasplantaron microbiota intestinal del Grupo 1 a ratones del Grupo 2, las madres que antes presentaban un bajo riesgo comenzaron a tener crías con rasgos similares al autismo.
Esto sugiere que la bacteria intestinal materna → activación inmunitaria (IL-17a) → alteración del desarrollo cerebral fetal.
⚠️ Advertencias importantes: Esto no constituye una prueba en humanos.
Si bien es convincente, esta investigación presenta limitaciones importantes:
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