Evitá los desencadenantes ocultos
Algunos hábitos diarios empeoran la sequedad sin que lo notes:
- Duchas calientes y prolongadas: eliminan los aceites naturales de la piel. Usá agua tibia y limitá la ducha a menos de 10 minutos.
- Jabones agresivos: reemplazalos por limpiadores suaves, sin fragancia y con pH equilibrado.
- Lavado excesivo: bañarte demasiadas veces al día deshidrata la piel. Una vez al día suele ser suficiente.
Elegí una crema hidratante más eficaz
Si tu loción habitual ya no funciona, conviene cambiar a una fórmula más potente. Buscá productos que contengan ceramidas, ácido hialurónico, glicerina, urea o ácido láctico. Las pomadas y cremas espesas son más oclusivas que las lociones líquidas y forman una mejor barrera contra la pérdida de humedad. Aplicalas inmediatamente después del baño para sellar la hidratación.
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