Un estudio destaca una posible relación con el desarrollo del autismo…

Autismo: ¿Y si el equilibrio intestinal de la madre durante el embarazo desempeñara un papel insospechado?

¿Y si el útero materno fuera mucho más que un nido para el bebé por nacer? Los científicos acaban de descubrir un mecanismo sorprendente: la microbiota intestinal de la madre, y más concretamente una molécula inmunitaria, podría influir en el desarrollo neurológico del niño. Este descubrimiento reaviva la búsqueda para comprender los trastornos del espectro autista.

En los últimos años,   la ciencia  ha redescubierto continuamente la importancia de nuestro intestino. Este verdadero «segundo cerebro» alberga miles de millones de bacterias que se comunican constantemente con nuestro cuerpo. Hoy, un nuevo estudio va un paso más allá al centrarse en un período clave:   el embarazo . ¿Y si la microbiota de la futura madre pudiera, desde el principio, influir en el desarrollo cerebral de su hijo?

Descifrando: cómo actúa una molécula inflamatoria en el cerebro fetal.

Publicada en  The Journal of Immunology , esta investigación se centra en una molécula bien conocida por los inmunólogos: la interleucina-17a (IL-17a). Generalmente asociada con afecciones como la psoriasis o la esclerosis múltiple, también podría tener un impacto en el desarrollo neurológico antes del nacimiento. Para comprobarlo, los científicos trabajaron con ratonas preñadas. El resultado: aquellas cuya microbiota intestinal era más propensa a desencadenar una respuesta inflamatoria (y, por lo tanto, a producir más IL-17a) dieron a luz crías cuyo comportamiento se asemejaba al observado en el  autismo: estereotipias , evitación social, etc. Esta sorprendente correlación sugiere que el entorno bacteriano de la madre podría desempeñar un papel importante mucho antes del nacimiento.

Trasplante fecal: un experimento revolucionario.

Para confirmar esta hipótesis, los investigadores llevaron el experimento aún más lejos. Realizaron un trasplante fecal entre ratones, transfiriendo así la microbiota de un individuo a otro. El resultado fue inequívoco: los ratones receptores, que heredaron una microbiota proinflamatoria, desarrollaron comportamientos similares a los del autismo. Esto sugiere que la microbiota materna, al modificar el   sistema inmunitario del bebé , podría influir en el desarrollo de su cerebro. Esta hipótesis aún se encuentra en fase exploratoria, pero arroja nueva luz sobre mecanismos que durante mucho tiempo permanecieron desconocidos.

¿Y los humanos? Precaución y esperanza

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