En una vieja fotografía infantil, descolorida, se ve como cualquier otra niña: tímida, menuda y con un atisbo de inocencia. Nada en esa imagen presagia la vida que llevaría más tarde, ni la profunda influencia que sus primeras heridas tendrían en su futuro. Sin embargo, esa niña se convertiría en Aileen Wuornos, una de las figuras más comentadas e inquietantes de la historia moderna estadounidense.
Su historia no se limita a los hechos que acapararon los titulares. También trata sobre lo que puede suceder cuando un niño crece sin estabilidad, seguridad ni apoyo, y cómo años de dificultades pueden alejarlo cada vez más de la vida que podría haber tenido.
Un comienzo lleno de turbulencias
Aileen nació en 1956 en Michigan, en un mundo ya marcado por la inestabilidad. Sus padres no pudieron cuidarla, y cuando era muy pequeña, ella y su hermano quedaron al cuidado de sus abuelos.
Desafortunadamente, el hogar que debía protegerlos distaba mucho de ser un lugar tranquilo. Los relatos de su infancia describen un ambiente ensombrecido por el miedo, la tensión y la incertidumbre. En lugar de calidez, Aileen creció rodeada de distancia emocional y una sensación de no pertenecer nunca del todo. Estos primeros años estuvieron plagados de dificultades que la mayoría de los niños jamás deberían enfrentar.
Para Aileen, la infancia no le ofreció consuelo ni protección, solo más desafíos.
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