Una mujer decidió abandonar a su esposo enfermo, sin imaginar que su hija jamás olvidaría aquel momento.

Los años pasaron

La remisión no significó que Mauricio estuviera completamente sano.

La quimioterapia le había dejado secuelas. Sus manos ya no tenían la misma fuerza y el cansancio aparecía de repente.

Aun así, siguió trabajando.

Lucía también siguió adelante.

Mantuvo excelentes notas, ganó concursos escolares y comenzó a dar clases particulares de matemáticas a chicos más pequeños para ayudar con algunos gastos y ahorrar un poco para el futuro.

Mientras tanto, Elena seguía apareciendo de vez en cuando con regalos caros y mensajes vacíos.

Una vez le envió a Lucía una cartera de diseñador con una tarjeta donde escribió mal su segundo nombre.

Lucía leyó la tarjeta unos segundos y luego la tiró a la basura.

—Papá… ¿esto es triste o ridículo?

—Creo que un poco de las dos cosas.

—Entonces prefiero reírme.

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