Mauricio Herrera salió del hospital con una bolsa llena de estudios, recetas y papeles que apenas podía sostener entre las manos.
El oncólogo había hablado durante casi una hora. Linfoma. Quimioterapia. Tratamiento urgente. Posibilidades. Riesgos. Remisión.
Mauricio había escuchado cada palabra, pero en realidad solo pensaba en una cosa: cómo iba a decírselo a su familia.
Cuando llegó a casa, encontró la cocina iluminada. Elena estaba sentada frente a la mesa con una carpeta de abogados.
—Llegaste tarde —dijo ella sin levantarse—. Tenemos que hablar.
Mauricio dejó lentamente las llaves.
—Yo también tengo algo que decirte… Me encontraron cáncer.
Esperó una reacción. Un gesto. Un silencio.
Pero Elena solo asintió.
—Lo imaginaba —respondió—. Por eso hoy fui a ver a un abogado.
Mauricio frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Elena cruzó los brazos.
—Significa que no pienso gastar mi juventud cuidando a un hombre que se está muriendo.
La frase cayó como una piedra.
—Elena… llevamos veinte años juntos.
—Y justamente por eso sé lo que viene ahora. Hospitales, medicamentos, gastos, deudas… No voy a destruir mi vida por esto.
Mauricio la miró sin poder reconocer a la mujer con la que había compartido media vida.
Para ver las instrucciones de cocina completas, vaya a la página siguiente o haga clic en el botón Abrir (>) y no olvide COMPARTIRLO con sus amigos en Facebook.
