2) Respetá horarios: regularidad de lunes a domingo
Tu cuerpo ama la rutina. Acostarte y levantarte cada día a horas muy distintas desordena tu reloj biológico y te deja en modo “jet lag” semanal. La meta no es rigidez absoluta, sino consistencia: si un día te acostás más tarde, al siguiente volvés a tu horario normal.
Regla sencilla: misma hora de despertar (o muy parecida) la mayoría de los días.
3) No confundas “madrugar” con dormir poco
Levantarte a las 5 a.m. no te hace productivo por arte de magia. Si para lograrlo seguís durmiéndote tarde, lo único que estás haciendo es acumular deuda de sueño. Y eso impacta en tu concentración, creatividad, decisiones y estado de ánimo (incluso en cómo hablás con los demás).
Si querés madrugar: la clave es acostarte temprano, no recortar horas.
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