Consejos y recomendaciones
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Elegí un horario “tope” para acostarte y respetalo la mayor parte de la semana.
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Hacé un “apagón mental” de 10 minutos: anotá pendientes y preocupaciones en papel. Lo descargás, no lo arrastrás a la cama.
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Café con límite: evitá cafeína tarde si notás que te afecta (cada cuerpo la metaboliza distinto).
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Si te despertás a mitad de la noche: evitá agarrar el celular. Respiración lenta, luz mínima, y volver a la cama.
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Si roncás fuerte o te ahogás dormido/a: vale la pena consultarlo (podría haber un trastorno respiratorio del sueño).
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No te obsesiones con “medir” el sueño: lo principal es cómo te sentís durante el día y si descansás de forma sostenida.
Dormir bien no es un lujo ni un premio: es el pilar que sostiene tu energía, tu ánimo y tu salud a largo plazo. Cuando hacés del descanso una prioridad y sostenés hábitos simples (regularidad, menos pantallas, ritual nocturno y un dormitorio adecuado), el cuerpo responde: rendís más, te sentís mejor y recuperás el control de tu día.
