Salieron bajo una ligera lluvia.
Hannah condujo hasta Syracuse, donde vivía su amiga de la universidad, Rebecca Lane, periodista independiente.
Rebecca ya conocía parte de la historia.
De hecho, ella misma le había advertido a Hannah que no le entregara la memoria USB a cualquier policía.
“En este país, cariño, hay policías buenos y luego están los policías corruptos”, le había dicho.
Cuando llegaron, Rebecca abrió la puerta con su portátil ya encendido.
“Copié tus archivos”, dijo. “Pero hay una carpeta que no pude abrir”.
Frank miró la pantalla.
La carpeta se llamaba: LIGHTOFPORT.
Se puso pálido.
“Ese nombre…”
Rebecca lo miró.
“¿Te suena de algo?”
Frank se acercó como si un recuerdo lo impulsara.
“Era un viejo almacén cerca de la terminal de autobuses. Solíamos guardar cosas allí cuando trabajábamos turnos dobles”.
Hannah sintió que la verdad se acercaba como una tormenta.
Esa misma noche, los tres fueron allí: Rebecca, Hannah y Frank.
Diane se quedó con Owen, aunque él le rogó que la dejara ir.
—Esta también es mi historia —dijo el chico.
Hannah le tocó el pelo.
—Por eso mismo he vuelto con vida, para contártela.
La vieja terminal estaba casi abandonada.
Un guardia de seguridad que reconoció a Frank les dejó entrar tras oír dos frases y ver la fotografía de Caleb.
—Nunca pensé que esto saldría a la luz —murmuró el hombre.
Dentro de un almacén con puertas oxidadas, encontraron la taquilla 214.
Frank cortó la cerradura con unos alicates.
Para ver las instrucciones de cocina completas, vaya a la página siguiente o haga clic en el botón Abrir (>) y no olvide COMPARTIRLO con sus amigos en Facebook.
