Su mandíbula tembló.
En ese momento llegó doña Teresa. Venía con la cara pálida, pero no sorprendida.
Eso dolió más.
—Daniela, hija, no hagas esto aquí —susurró.
—No me diga hija.
La mujer del vestido beige apareció detrás de ellos.
—Soy Mariana —dijo con voz baja—. Lo siento.
Alejandro giró hacia ella.
—Mariana, no.
Ella no le hizo caso.
—Él me dijo que ustedes estaban separados.
Yo miré a Alejandro.
—Dormimos en la misma cama.
Mariana se quedó helada.
—También me dijo que su esposa sabía del viaje —añadió Lucía, que acababa de subir con la respiración entrecortada.
—¿Y también sabías que había otra mujer? —le pregunté.
Lucía bajó la mirada.
Con eso bastó.
Para ver las instrucciones de cocina completas, vaya a la página siguiente o haga clic en el botón Abrir (>) y no olvide COMPARTIRLO con sus amigos en Facebook.
