Mi esposo dijo que estaba salvando vidas en una cirugía de emergencia… pero lo vi en el aeropuerto, yéndose de viaje en secreto con otra mujer y toda su familia, sin mí.

Soy Mariana. Necesitas saber algo sobre ese préstamo.

Miré a Ernesto. Él asintió.

Contesté en altavoz.

—Daniela —dijo Mariana—, yo trabajé para Ricardo Colín. Alejandro me buscó por el edificio médico, pero tus propiedades nunca debían aparecer como garantía.

—¿Cuándo cambió eso?

—Después de que me negué a modificar un reporte.

Ernesto se inclinó hacia el teléfono.

—¿Qué reporte?

—Uno sobre pagos desaparecidos. El edificio de Santa Fe debía generar distribuciones trimestrales para Cárdenas Patrimonios. Ese dinero no llegó durante años.

La garganta se me cerró.

—¿Alejandro lo sabía?

Silencio.

—Sí —respondió Mariana—. Lo sabía antes de que empezara nuestra relación.

Miré la carpeta, la firma falsa, el nombre de Ricardo Colín.

Entonces Ernesto abrió una caja metálica que estaba dentro de su archivero.

—Hay algo más —dijo.

Sacó un sobre cerrado.

Mi nombre estaba escrito al frente.

Con letra de Alejandro.

—Lo dejó aquí hace siete años —dijo Ernesto—. Solo podía entregártelo si tú activabas el expediente.

Rompí el sello.

La primera línea decía:

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